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sábado, 1 de junio de 2013

El Príncipe y la Princesa.


                                        El Príncipe
 y
                                 La Princesa



Había una vez, en una tierra lejana, una bella y joven princesa. Su edad pintaba apenas entre los 20 o quizás y hasta 21 años. En realidad era una princesa muy hermosa, tan hermosa que alguna vez se llegó a decir que era la mujer más bella de todo el reino y hasta en ocasiones se decía que era la más bella del mundo entero.

A pesar de que su belleza era indescriptible y su presencia era dominante, tenía un gran problema. Un problema del que había estado atada toda la vida; un problema de extrema atención en el cual sus padres, los reyes, habían solicitado ayuda a todos los magos y videntes de aquel lugar y todos sin excepción alguna no habían dado la correcta solución a ello. El gran problema era que la princesa nunca había sido feliz y jamás había podido sonreír.

Al mismo tiempo en aquel reino, existía un joven. Un muchacho no muy simpático, pobre, tímido y retraído. Nada que ver con los regulares príncipes que ocasionalmente osaban en visitar al rey para pedirle la mano de su hija la princesa. A pesar de sus nada atractivas cualidades, el era muy risueño y enamoradizo en exceso. Aquel muchacho de una edad que no rebasaba los 21 años era panadero. La gente le llamaba más por su apodo que por su nombre. Le solían decir: “El raro panadero enamorado”.

Una noche en serena quietud, el joven panadero se había enterado que la princesa cumpliría años en los días venideros. Uno de los grandes amigos del panadero, se animó a darle la noticia de la fecha al muchacho.

- ¿Pero como es que puedo impresionar?- preguntó el panadero con limitadas ilusiones mostrando su mandil corroído por las manchas de el trabajo en exceso.- Hay demasiados tipos por ahí alardeando su riqueza, sus reinos, su dinero y hasta su galanura.- comentaba el muchacho en tono resignado y desilusionado- Eso es simplemente absurdo.

-Pero lo sabes bien, ella no es feliz. Le hace falta algo-  comentó su regordete amigo- anímate ya, haz algo...No se- buscó por el lugar si de milagro encontraba un objeto que le ayudará a ejemplificar su invitación- ¡hazle un obsequio!

-No amigo- el muchacho decepcionado continuó amasando la harina y recortando figuritas para hacer galletas- eso no sería bueno, te aseguro que me rechazaría.

- vaya- puntualizó el amigo gordinflón en ironía- ya vi que jamás podrás cumplir tus sueños y mucho menos el mayor sueño del que se que tienes- abrió la puerta de la panadería anunciando que su salida era inminente- el estar con la hija del Rey.- jaló el cerrojo y justo antes de salir comentó sin razón alguna- solo hazlo con amor.

La noche pasó con frialdad. El joven sabía que era su oportunidad; sabía que a lo mejor el podría hacer que la princesa fuera feliz. Pero ¿Cómo lograrlo?

En su cama rota y enmohecida por los tantos años en los que había dormido en ella, el joven pensaba una y otra vez si sería una buena idea hacerle un obsequio a la joven princesa; y no solo eso, si no qué objeto utilizar para hacer un buen y merecido detalle.

La cabeza se le quebró toda la noche. El sueño se le había espantado y en consecuencia caminaba por toda su habitación pensando en el comentario de su amigo. “solo hazlo con amor”.

A continuación de unas tantas horas en insomnio e ideas después, se le ocurrió pensar bajo la luz de la panadería que yacía sola.
La mesa de amasar, sola y sin ingredientes estaba puesta justo en medio de la sala. El horno, en el fondo de la misma, inundaba el aire de un perfume de mezclas que, indudablemente serian de ayuda para que el joven se le hiciera un nudo en la panza a lo que se le adjudicaba de una idea. Una loca idea que podría ayudarle en su intento por conquistar a la princesa.

De un saco tomó harina, la esparció por la mesa de trabajo. Tomo unos cuantos huevos, mantequilla de primera calidad, jarabe de tres leches, azúcar, levadura, un poco de leche condensada, mousse de guanábana, crema para batir, lo recubrió con ganache de chocolate blanco y le agregó el ingrediente perfecto y exacto, el ingrediente que jamás había usado en la vida, el ingrediente que le da vida a lo seco y cambios a lo acostumbrado…le agregó Amor.

Un día después.

-y ¿Cómo le pusiste de nombre al…”pan”?

-Le puse, Pastel- le contestó convencido el chico- un rico pastel de chocolate blanco.

-mmm…- su amigo comía a bocados grandes una rebanada del dichoso “pastel”- así conquistarás a la princesa- era tosco al masticar-  y de paso a tus futuros suegritos.

La risa fue a gran escala, el joven se decidió a comer una rebanada y con gusto lo saboreo.

-Hoy  cocinaré uno y  ese será para ella. Mañana es su cumpleaños – señaló con su dedo índice a lo alto de el reino donde se hallaba el castillo real. Mucha gente se movía de un lugar para otro. El panadero suponía que el ir y venir de la gente era por los preparativos de la celebración del día siguiente, pero a pesar de todo, el chico estaba decidido a hacer la proeza de ir y entregarle lo que, al menos el creía, sería la solución a lo que sufría la princesa.

Al día siguiente.

El “Raro panadero enamorado” estaba hecho un manojo de nervios. Su vestimenta era de lo poco mejor que tenía. Apenas unos harapos limpios y telas que olían a césped fresco, un peinado poco usual le hacia ver sin gran chiste y ni el dinero le alcanzaba para portar con dignidad unos zapatos buenos y de categoría. Aún así, tomó aire, agarro el pastel de chocolate blanco, lo envolvió en papel de estraza, al mismo tiempo tomo una hojita de papel en la que había una pequeña notita, la que colocó en el exterior del papel de estraza y pronto salió con seguridad de su panadería.
    
Al viajar por las calles de la ciudad, vio que ya mucha gente se reunía en el castillo. Desde lo lejos era imposible visualizar si la princesa estaba lista, pero a el no le importaba si ya estaba apta para la ocasión, si se había puesto algún tipo de maquillaje o herramienta por el estilo. Después de un tiempo en caminata se detuvo ante un comentario que escuchó de entre los gritos de la gente.

-Según dicen que viene con un gran regalo- comentaba una señora  que miraba al castillo con interés- y con el regalo sanará la princesa.

- ¿En verdad lo crees?- preguntó la otra señora con tono de preocupación- que sea verdad. Esperemos que sea verdad.- argumentó con expectativa- Lo que sea que le tenga de sorpresa el Príncipe Azúr, tiene que ser la solución.

El Panadero se paralizó ante tal comentario. Había una amenaza que estaba latente en aquellos instantes. Había un competidor que al igual que él estaba dispuesto a ofrecerle una solución a la princesa y hasta ¿Por qué no? Ganarse el corazón de la misma y el favor de los reyes.

<< ¿Retroceder?>> - pensó en si el panadero- <<No. Tengo que hacerlo. Tengo que ganarme su corazón>> - Argumentó seguro de sí- << Es ahora o nunca>>. De pronto, muchas trompetas y címbalos resonaron justo entre las calles de la ciudad anunciando que Azùr Príncipe, estaba llegando con una buena comitiva de seguridad.

Al panadero le temblaron los pies y se le aceleró el corazón, pero no desistió. Opto por tomar una ruta alternativa en la cual quizás y llegaría a tiempo antes que su adversario. Optó por correr y entrar a espaldas del castillo. Quizás y ese sería un buen atajo, y así lo fue. Se vio impedido a veces por que tenía que escalar unas cuantas rocas erizas. Pero pronto y a salvo llegó a la cumbre del castillo en donde estaba la habitación real y justo a un costado la habitación de la princesa.

Su entrada fue fácil ya que la habitación tenía una vista panorámica de todo el reino al aire libre. Sacó el pastel de su bolsón. Con sigilo y cuidado en sus pisadas lo colocó en la repisa de una fuentecita que estaba justo en medio de la recamara. Ajustó la notita en el papel de estraza y suspiró con éxito.

De pronto se escucharon unos ruidos en la puerta de la habitación. El panadero sin dudarlo, se dirigió al lugar de donde había ingresado. <<! Si me ven aquí me matarán!>> - pensó.

Con rapidez en sus movimientos se deslizó por las cumbres del patio trasero del castillo, corrió a toda prisa en dirección al gran jardín donde se celebraría el tan esperado cumpleaños de la hermosa princesa.

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Algo abrumada por los invitados que ya estaban preparados para la celebración, la princesa entró a su habitación con cara cansada y ánimos muy bajos. Cada día la esperanza de encontrar una buena y merecida solución a su problema, era nula. Se había cansado de recibir tantas invitaciones a probar la felicidad ajena con algún príncipe altivo ò deseoso del reino, que en verdad el desánimo era parte de su vida diaria.
Caminó en dirección al pasillo contiguo de su habitación pero en su intento descubrió que había algo nuevo e inusual en su pequeño viaje. Miró con cuidado un paquete que estaba cubierto por un papel café. Al mismo tiempo observó una hojita de papel que estaba sujeta por unos lazos pequeños.

Dudó en tomar el paquete, así que sólo tomó la pequeña notita en sus manos. La abrió y leyó:
“Un hermoso obsequio para una hermosa princesa”
(Por favor princesa, abra el paquete. Después, de la vuelta a esta nota.
Las instrucciones están al reverso.)

 -¿Instrucciones?- la duda que expresaba la princesa era anormal, aunque la palabra obsequio hizo que su interés se volcara hacia una buena expectativa.- Veamos de que se trata- dijo interesada.

Rompió el empaque con fuerza y decisión; el papel cayó con gracilidad y muy pronto descubrió que se trataba de un pan. Un pan decorado con crema y así mismo con unos cuantos dibujos elegantes y llamativos. Se veía  vistoso y antojable a la vista. Lo que más le llamó la atención fue ver que en este mismo pan estaba escrita con crema una leyenda que rezaba: Feliz cumpleaños “Princesa Roxane”.
      
Algo extraño hizo que en su corazón se empezara a desarrollar una loca palpitación.

Rápido desdobló la nota que tenía en la mano y leyó:

Se llama “Pastel”, y si…se come.
Si quiere ser feliz coloque unas cuantas velas arriba de él y
Préndalas; después pida un deseo (el que sea), aspire un poco de aire y pensando en el  mismo deseo sople sobre ellas. La tristeza se ira con ese leve pero seguro suspiro.
Después coma de él y se dará cuenta que a cada mordida y saboreándolo,  la dulzura le alegrará y su sonrisa no cesará”.

Se extrañó  al ver aquella invitación. Dudó un poco. No era para nada seguro. Aún así la princesa tomó unas velas que estaban al lado de su cama. Las prendió, las puso sobre el dichoso pastel, dudó un poco, tomó el suficiente  aire y…

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El panadero había llegado justo a tiempo para el inicio de la ceremonia, algo cansado
del viaje a pie que había hecho. Miró con inquietud a la explanada principal y vio que los reyes estaban platicando con el vocero y a lo mejor, le estaban dando indicaciones.

- ¡Los reyes saludan al Príncipe Azùr!- gritaba a todo pulmón el vocero.

Sin saber de donde, la princesa había entrado en escena. Estaba justo al lado de la reina y a su parecer estaba algo fatigada. Nadie prestó atención al hecho ya que el príncipe Azúr caminaba con esplendidez y absoluta personalidad. Toda la gente lo miraba anonadada.

Para empezar saludo al rey con respeto y decoro,  continuó con la reina a la que le dio un par de obsequios y terminó con la princesa a la que saludo con un ligero beso en las mejillas.

- ¡El Príncipe Azur anuncia!- grito de nuevo el vocero.

- La tristeza y el desanimo no deberían de ser parte de una dama tan hermosa.- gritaba el príncipe dirigiéndose a toda la gente que ponía atención- Bien he sabido que la princesa aquí presente a estado sola y en completa tristeza- señaló con seguridad a la joven- y para la sorpresa de todos y de ella misma he venido con buenas noticias.

De pronto, muchos de los súbditos del Príncipe Azúr se acercaron  con muchos obsequios que cargaban en las manos. Todos los obsequios se los acercaron ante la familia real y aún más ante la princesa.

- No solo he venido a entregarle estos maravillosos regalos- gritaba el príncipe con alegría en lo que metía su mano a uno de los bolsos de su vestimenta. Enseguida sacó del mismo una cajita de oro- Si no por esto- abrió la cajita y se dejó ver en la misma un anillo de oro que brillaba con fuerza.

Enseguida el príncipe Azúr tomó la mano de la princesa con una mano, y con seguridad, en la otra mano agarró el anillo de oro.

- Yo se que la felicidad esta a la vista y estoy seguro que esta es la medicina.- se hincó ante la princesa y entonando la voz le propuso- Cásate conmigo.

El reino entero se quedó paralizado y callado ante la excelente propuesta, El silencio se hizo total. Todas las miradas de la gente estaban totalmente puestas en la princesa y todos los oídos en su voz.

El silencio precedió un acto inimaginable. La princesa se quedó viendo al príncipe Azúr con seriedad, pero de pronto cambió su actitud y su gesticulación, no aguantó más y sin aviso sonrió y rió naturalmente.

El reino entero estalló en júbilo al ver que la princesa había encontrado la tan esperada solución, todos menos un joven que miraba con atención, todos menos el “Raro panadero enamorado”.

Sin ánimo alguno, el panadero dio media vuelta y se dirigió con paso lento a la salida del jardín principal.
                       
<<No lo probó>>- pensaba con pesimismo- << o es que quizás fue solo una vil manera de pensar que mi cariño especial, y amor único hacia la princesa eran la verdadera solución…todo fue un error>>.

-¡La princesa anuncia!- gritaba el vocero con potencia en la voz.

El príncipe Azúr continuaba en rodillas. La princesa aun sonreía y continuaba con la mano extendida. El reino entero volvió al silencio y la princesa abrió la boca.

- Lo siento Príncipe Azúr- gritó a tono femenino- no puedo aceptar su propuesta. Mi felicidad y mi sonrisa se las debo a otra persona.

De alguna parte del castillo corría un sirviente trayendo consigo un paquete Café y redondo. Cansado y sin aire llegó a la explanada principal. Enseguida le dio el paquete a la princesa, la princesa lo tomo con sus manos y exclamó.

-Exijo que el responsable de este pan se presente ante mi presencia.

El muchacho panadero se detuvo en su caminar. Se petrificó ante el requerimiento de la princesa y en lo que volteaba a mirar a la explanada vio entre la multitud a su amigo gordinflón, el cual se acercó a él con una rosa en la mano y le propuso: -Si de algo sirve, llévale esta rosa.

-Lo probó- le dijo el panadero a su amigo- pero ¿Y si me acerco y me hacen algo?

-Maldita sea.- le respondió su amigo- ¡VE AHORA!- le gritó a viva voz y por des fortunio todo el reino escuchó la orden.

Toda la gente miró al panadero con expectación, el mismo chico tomó la poca seguridad que le sobraba y caminó con miedo en dirección a la realeza. Con vacilación subió las escaleras de la explanada y cuando llegó ante la princesa le dio una rosa y en tono bajo le dijo- Disculpe, mi intención era buena, la mejor.

 La princesa lo miró altaneramente, levantó una ceja, le guiño un ojo en complicidad y se dirigió ante el público presente.

-Este joven y la magia de éste pan me han hecho olvidar la tristeza y tener la verdadera felicidad- el público no lo podía creer, y mucho menos el muchacho que estaba al lado de la princesa. La joven tomo la mano de el panadero y exclamó- si bien me hiciere en responder una pregunta le concederé una petición, la que sea.

El panadero estaba al borde del desmayo. Jamás había estado ante la presencia de la princesa, solo la conocía de lejos pero ahora que la veía a escasos centímetros era como ver a un ángel. Sus ojos cafés, su cabello negro y perfectamente alaciado, su piel blanca, su figura como ninguna, su cara perfectamente delineada, sus pómulos enrojecidos y sus cachetes chapeados. En verdad era imposible dejar de verla, era perfectamente hermosa.

-¿Qué tipo de magia o ingrediente usó para quitarme tan mal oprobio?-  le preguntó la princesa.

Todo mundo estaba en silencio, el joven miró a la chica que estaba enfrente y con titubeos le respondió- Amor, utilicé amor.   

La princesa volteo a ver al panadero, le sonrió con una sonrisa esplendida y angelical. Se acercó a él, lo tomo de las manos, lo miró con ternura y con voz dulce y normal le dijo:- Y con ese mismo amor, serás pagado.- la princesa no lo dudó ni un segundo, se acercó al muchacho y lo besó.

El reino entero se sacudió en un loco frenesí de júbilo. El rey estaba feliz y su esposa la reina también. El príncipe Azúr caminó en dirección a la salida del reino y desapareció.

-Y bien- se dirigió la princesa al panadero con tono tierno y dulce- ¿Que es lo que vas a pedir amor?.
El panadero no soportaba el loco latir del corazón, sonrió ante tal pregunta y respondió:- Estar contigo por toda la eternidad.

Se abrazaron los muchachos y a la princesa solo le bastaba hacer una afirmación más.

-Ahora ya no serás más un pobre panadero, ahora eres el príncipe de mi reino y el de mi corazón.

El reino estalló de nuevo en gozo, las paredes retumbaron ante el hecho de que la princesa era feliz y que el “Raro panadero enamorado” ahora pasaba a ser “El príncipe feliz y eternamente enamorado”.

Fin de la primer historia del reino lejano llamado "Por Siempre".




domingo, 26 de mayo de 2013

Enemigo público.

El miedo.

Una de las principales características de los hombres débiles y sin éxito.
El miedo seduce, embriaga y deja marcas imborrables y que perduraran en la memoria.
El miedo existe a cada minuto, es un enemigo íntimo al que nos tenemos que enfrentar, no adaptar.
Un enemigo que existe desde tiempos memoriales.
Un enemigo que nos acecha como la noche.

Si cedemos ante sus íntimidantes garras, caeremos en el abismo de la duda, la tristeza y la soledad.
Amigas íntimas, enemigas públicas.

Solución.

Hay algo adentro de ti que te impulsa a seguir, yo lo se.
Lo veo en tus ojos, en tus memorias.
En tu manera de levantar y regresar a donde se te perdió la iniciativa y la creatividad.

Hay herramientas. No estás sólo.
El miedo te atrapa si te dejas envolver.
Te visita si le abres la puerta.
Te domina si vacilas un solo segundo.

Eres tu enemigo cuando la aceptas. Y serás el vencedor si levantas el mentón y la afrentas.
Será difícil, pero lo lograrás.

sábado, 18 de mayo de 2013

Cicatrices para siempre - Cesar Rojas Lucero



El misticismo del Señor Botom viajaba de un lado para otro esperando una taza de café en el viejo Pub de la calle 13.

No podía dejar de ver a travez de la ventana y resistirse a sentir el vientre lleno de dolor y a miles de hormigas que agusanaban su interior con viejos pensamientos importantes al menos para el.

¿Habrá hecho algún daño el vivir tanto tiempo como para odiar el olor del césped recién bautizado por el agua del otoño?

Si, solo a él, al Señor Botom le desagradaba la idea de tener una temporada entera llena de lluvias y ver correr por las calles de la ciudad a la desagradable melancolía. ¿La razón del odio? Su pasado.

Si, todo empieza ahí mismo; en el pasado el cual a veces no podemos cambiar o manipular. El cual nos inunda con su vaho y nos hiere en el presente, nos atasca la mirada con pensamientos hilarantes y, al menos quizás no te ah pasado a ti y agradezco por ello; pero al señor Botom la vida le había enseñado algo, al menos el lo pensaba así. Odio, un sentimiento único, desmesurado, activo, terminal.

Un mimo que viajaba por ahí creando un mundo lleno de fantasías se pegó justo al lado de la ventana junto al lado del Pub de la calle 13. Al señor Botom se le vino el mundo real al espantarse a causa del mimo que le dedicaba una sonrisa amplia y una mirada alegre y a la vez pasiva. Casi como si quisiera interpretar o hurgar en la mirada de Botom.

<<Así que el desgraciado quiere verme reír ¿eh?>> pensó el viejo << ¡demonios!, basta que un tipo asqueroso como él quiera hacerme reír>>

Botom se levantó justo en ese instante y animó al mimo a desaparecer de ahí, no lo quería ver, quería que el personaje desapareciera de su vista.

-Shu, shu ¡maldito!

El mimo actuó un poco, fue como si las palabras de Botom fueran un arma activa y las balas de las mismas se hundieran en su pecho dañando su interior. Realizó un poco de mímica casi como si estuviera en un campo de batalla y el enemigo que disparaba con sus palabras estuviera al otro lado de la ventana; sentado, tomando un café y huraño.

El mimo actuó tan real que hasta la gente de la calle se detenía para ver el espectáculo y un niño que viajaba con su padre le aplaudió por fenomenal performance.

<<¡patrañas!>> pensó el viejo <<Aquí adentro no me hará daño ese estúpido>> Aseguró su vida dependiendo de una ventana, misma que había dejado de ver por la atención que le dirigía a su café.

Acto seguido, alguien abrió la puerta del Pub. Alguien que al parecer y por el alboroto que había causado había llamado la atención a toda la gente.

-¡Hola!- un niño de cabello castaño oscuro y de lentes gigantescos se acercó al personaje, lo saludó y no recibió un saludo igual al suyo. Era de esperarse ya que el personaje era un mimo.

El señor Botom escuchó un alboroto en la entrada. Mucha gente sorprendida saludaba al mimo pero el viejo Botom solo tenía ojos para mirar la taza y fruncir el ceño.

De pronto y como si se tratara de un truco mágico, todo el bullicio del Pub se paralizó, entró en total silencio y en un hilo de suspenso.

Botom tomó un poco de café y arregló su cabello.
En eso alguien arrastró una silla que descansaba enfrente de su mesa. El viejo saltó un poco y miró por encima de sus anteojos. Era un mimo, bueno, al menos eso parecía porque algo además de el maquillaje, cubría su rostro. Era como si detrás del maquillaje escondiera algo secreto, si, un secreto del pasado.

De inmediato el mimo actuó. Miró por la ventana y representó a un viejo que sacaba un puro de su bolsillo trasero y a la vez le ofreció uno al viejo que estaba frente a él.

El viejo Botom solo miraba la cara del mimo como si tratara de adivinar que le había ocurrido. No prestó atención a lo que hacía el mimo y solo se fijó en su cara.
Botom se olvidó un momento de su café y vaciló antes de abrir su boca y quitarse la duda de la espalda.

-¿Qué te pasó?- preguntó el viejo
El mimo desvió la mirada y agachó la cabeza.

-Si, en tu…- Botom señaló su cara y miró más interesado al mimo- …tu cara.

El ambiente cambió tanto como la cara del mimo. Este mismo tomó una servilleta de en medio de la mesa y se limpió la cara para dejar ver algo que entristeció al señor Botom

Después de unos minutos llenos de miles de interrogantes en la cabeza del viejo, el mimo terminó de limpiarse la cara para dejar ver su rostro total y enteramente lleno de quemaduras, tal como las quemaduras de tercer grado. Quemaduras que no sanarían jamás según los dictámenes médicos. Quemaduras que tendría de por vida y que jamás se podría quitar.

-¡Dios mio!- hilvanó Botom sin hacer sentir mal al mimo- bueno, ahora si dime… ¿Qué te pasó?- preguntó el viejo.

El mimo señaló su garganta y su cara, con esto era simple de interpretar todo. El mimo no podía hablar y no porque no quisiera, sino porque no podía hacerlo debido a algo que le había pasado.

-Ok, creo que no puedes hablar ¿verdad?

<<Exacto>> decía el mimo en mímica

El pub entero miraba detenidamente al mimo y al viejo Botom ya que no querían dejar pasar la oportunidad de saber que le había ocurrido al mimo.

<<Ok>> interpretaba el mimo <<le contaré que es lo que pasó>> seguía.

<<Un día, hace mucho tiempo, vivía un niño son su familia. Papá, mamá y un pequeño perrito. Papá era una persona que no vivía mucho en casa porque el trabajo lo absorbía, era remolcador. Siempre llegaba cansado y fastidiado a la casa. Así que la mayor parte del tiempo, el niño vivía  con su mamá en casa>>

<<Un día el papá llegó a la casa cansado del trabajo, de la vida y hasta de su familia. Comenzó a beber sin límite y ya dada la media noche no sabía de sí.>>

<<De pronto ya casi perdiendo el conocimiento, rocío sobre la mama que estaba dormida una botella de alcohol y también la derramó sobre el niño que estaba adormecido en los brazos de la mamá. El papá prendió un fosforo y se comenzó a incendiar todo el lugar>>

<<Había fuego por todas partes, el humo iba  y venía y el incendio comenzaba a abrazar con intensidad la cara y el cuerpo del niño y no se diga el de la mamá.>>

<<Por suerte el niño salió de la casa y sobrevivió, pero no pudo salvar a su madre, ni a su casa, ni a su padre>>

<<En el hospital el diagnostico era aun más desastroso. Más que asegurar que el niño jamás volvería a poder hablar debido a que el fuego le quemó la tráquea, el niño supo que jamás iba a poder seguir siendo el mismo. No iba a volver a ser feliz>>

<<pasó el tiempo y la vida pretendía hacerle ver la realidad de todo. La felicidad no iba a ser objetivo y debía tomar una decisión. Arriesgar su corazón y sus sentimientos y dejar que su vida se agusanara con un odio dirigido a su padre o convertir ese odio en propósito lleno de vida y lleno de felicidad>>

El viejo Botom dejó correr una lagrima por su cara y su imaginación volvió al Pub.

-Oh, cuanto lo siento- dijo Botom.

<<No, no, ¡no!>> actuaba el mimo << ¡mire lo que tengo aquí!>>

De una bolsa que colgaba de su brazo, el mimo sacó varias fotos y se las enseñó al señor Botom.

Unas fotos dejaban ver a un mimo abrazando a una niña con síndrome de Down. Otras más dejaban ver a un niño con cáncer sonriéndole a un mimo chistoso y bailarín. Otra más dejaba ver a un mimo regalándole alimentos a dos niños que vivían en un basurero a lo lejos de la ciudad.

-¿Ese eres  tu?- decía Botom

<<Si, si>> actuaba el mimo <<soy yo>> decía sonriendo como si estuviera satisfecho << y usted ¿Por qué la cara larga?

-Yo…emm… vaya, no es algo tan importante como lo tuyo…amigo.

Las últimas palabras hicieron efecto, el mimo sacó de su bolso un tarro de maquillaje blanco y se maquilló en un dos por tres.

<<¡Listo!>> actuaba el mimo <<estoy a su servicio. Me gustaría arreglar esa cara larga ¿Puedo hacer algo por usted?>>

-¿Crees poder hacer algo por mi?

<< Sin duda alguna>>

-Ok. Ven, aquí a mi lado- el mimo se acercó a Botom  el viejo le mostró una panadería al otro lado de la acera. Una panadería de donde salió una señora bien vestida pero con un ánimo triste y deprimente.

-¿Ves a esa señora? Ella es mi esposa. Tiene 10 años que ya no vivimos juntos. Un problema nos separó. El odio comió todo lo que en un tiempo se llamaba amor.

<<Mmm…fácil y sencillo>> el mimo actuó y el Pub entero no paraba de observarlo <<Una pregunta señor ¿Usted aún la ama?>>

El viejo no dudó y secándose una lagrima que resbalaba por su mejilla solo dijo : Si, aún la amo.

<<¡Ok!>> el mimo tomó aire y corriendo salió del Pub no sin antes agarrar una flores de la mesa principal 
<< ya regresó noble caballero>> le guiñó un ojo a Botom y salió disparado a la panadería no sin antes agarrar una flores del jardín externo del Pub.

El mimo entró corriendo a la panadería, entró como si algo le urgiera y sin pensarlo más se dirigió a la esposa de Botom.

<<¿Puede sonreír?>> actuó el mimo

-No, ya hace mucho que no puedo sonreír. Simplemente ya no puedo hacerlo- decía la señora.

<<Ok. Pero podría aceptar estas flores y olerlas ¿No es así?<<

-Unas flores. ¿Son para mi?

-Si, son para ti Sara- una voz ronca se dejó escuchar en la entrada de la panadería y Sara vió a un viejo canoso de 70 años de edad llamado Botom.

La señora Botom miró con sorpresa al viejo y detuvo con fuerza las rosas que descansaban en sus manos.

-Al final el odio nos hacer ser las personas que no somos- decía Botom- Sé que te equivocaste Sara pero créeme que la vida nos pone pruebas que tenemos que superar- le guiñó un ojo al mimo- y ¿Por qué tenemos que superarlas? Muy sencillo, para aprender a amar más de lo que nuestra lógica podría hacerlo. Y eso es lo que se el día de hoy.

El mimo retrocedió y vio la cara de Sara. Una viejecilla que tenía betún en sus manos debido a que unos minutos antes había hecho algún pan.

-Perdóname, nunca fue mi intención dañarte en el pasado- decía Sara – caí pero, estoy aquí, me levanté.

-Sara, aquí estoy. Siempre lo estuve y siempre lo estaré.

Una ovación de aplausos estremeció la calle 13 al que ver que el viejo Botom abrazaba a Sara y el amor fluyo a lo largo y ancho de la comunidad.

-¡Gracias mimo!- decía el viejo Botom en medio de el alarido.

<<Siempre un placer>> el mimo hizo una reverencia.

-Por cierto amigo ¿Cómo te llamas?

El mimo sacó de su sombrero un papel arrugado y algo viejo en el que se podía leer:
“El amor al final vencerá”

<<Querido Botom. Yo no tengo nombre, pero quizás algún día escucharás en verdad quien soy como el día de hoy y te acordarás de ser feliz, amar y perdonar a pesar del pasado>>

FIN.

Cesar Rojas Lucero